



El dron es la solución cuando una máquina no puede acceder al tejado o la estructura del invernadero no lo permite, y también en instalaciones grandes y dispersas. El resultado no depende de la cantidad de líquido, sino del grosor de la capa sobre la cubierta; por eso controlamos la dosis del producto y las condiciones de aplicación.
El polvo, el hollín, las algas, los excrementos de aves y los restos de producto de sombreado pueden restar a las plantas varios puntos porcentuales de luz, y a veces más de diez. En horticultura se suele considerar que un 1 % más de luz equivale aproximadamente a un 1 % más de producción; por eso una cubierta limpia supone una ganancia real. El dron lava la cubierta sin subir a la estructura y sin maquinaria pesada sobre el tejado.